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El ídolo que vino a Colombia para apoyar la iniciativa de la Cancillería que le apuesta al deporte y la paz

19/03/2018
El ídolo que vino a Colombia para apoyar la iniciativa de la Cancillería que le apuesta al deporte

Cartagena (mar. 19/18). No cabía una sola persona más en la Casa Lúdica del barrio Colombiatón de Cartagena, la gente esperaba ansiosa en las calles la llegada de, tal vez, el mejor futbolista de la historia de África. Desde hace días se anunciaba la llegada de Didier Drogba a la heroica, pero ninguno de los presentes imaginó que iba a visitar uno de los barrios más alejados de la ciudad, hasta que recibieron la noticia.

A las 11 de la mañana del 19 de marzo, el astro marfileño llegó a la puerta de esta casa que día a día busca alejar a los menores de las difíciles situaciones que deben enfrentar en su entorno. La gente enloqueció, la música típica del caribe colombiano lo acogió y desde ese momento los protagonistas fueron los niños.

Didier Drogba rompió todo el protocolo, bailó cumbia con las niñas que lo recibieron, firmó todos los autógrafos que le pidieron y se dejó llevar por la inocencia natural de un niño que ve a su ídolo por primera vez. Se paró frente a menores de diferentes edades a conversar, a contar su vida, a hacer lo que siempre ha hecho dentro y fuera de las canchas: dar ejemplo de humildad, dedicación y excelencia.

Los niños, periodistas innatos, le preguntaron cosas que los adultos no piensan preguntar y él, parado frente a ellos, siempre les hizo entender, con cada palabra y cada gesto, que nunca dejaran de soñar, que nunca desistieran, y que no permitieran que nadie les arrebatara sus sueños. Que el miedo solo es un empujón para superar las situaciones difíciles que viven a diario. 

Cuando le preguntaron cuál era su sueño respondió: “He tenido muchos sueños, pero en diciembre tenía un sueño de viajar a Colombia luego de conocer a ocho magníficos niños de Diplomacia Deportiva. Y le doy gracias a Dios por haberme permitido cumplir este sueño”.

Caminando rodeado de decenas de niños que gritaban su nombre, Drogba llegó a la cancha del barrio que lo acogió. El arco del campo de juego, roído por el óxido, recibió los tiros del jugador marfileño, y con ese marco de fondo, intercambió pases con los niños descalzos que retaban a su ídolo con jugadas de fantasía.

Drogba se emocionó aún más cuando Mafe, una niña que asiste continuamente a la Casa Lúdica de Cancillería, lo retó a hacer jueguito de 21 y él nuevamente demostró que es un grande en cualquier cancha del mundo.

Con la cabeza, el pecho y hasta con la espalda, el marfileño recibía el balón que él mismo lanzaba al cielo.  Y allí, en el cielo, se sintieron un par de gemelos que retaron al deportista. Al igual que como Didier lo imaginaba en su infancia cuando vivía en su natal Costa de Marfil, el par de hermanos cartageneros sueñan con ser futbolistas, ayudar a sus familias y lograr jugar en los mejores y más grandes escenarios.

La visita del exjugador del Chelsea terminó entre selfies, autógrafos, entrevistas y la admiración de un país convencido de que el deporte es uno de los caminos que conducen a la reconciliación y a la construcción de la paz.

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