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Intervención del Ministro de Relaciones Exteriores, Álvaro Leyva Durán, en la Asamblea General de la OEA

 

Señor Secretario General, distinguidos y distinguidas funcionarios de la OEA, excelencias.

No me extenderé mucho, cuatro o cinco minutos por si acaso, pues me corresponde ser el último en intervenir al finalizar la 52 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, responsabilidad grande toda vez que a estas alturas ya se han expuesto las preocupaciones de todo orden que más afectan a nuestro querido continente.

No dejan de ser las mismas que atribulan a la mayoría de la humanidad: peligro de extinción de una guerra que podría terminar en una catástrofe para el planeta de no ponérsele pronto fin, retroceso del reloj de la lucha universal contra el calentamiento de la tierra, crisis alimentaria, inflación, migración desbordada, discriminación racial, desigualdad de derechos de género, desconocimiento del derecho al libre desarrollo de la personalidad.

No escapa al anterior contexto mi patria, la república de Colombia, trozo septentrional suramericano, 1.141.748 kilómetros cuadrados, cincuenta millones de habitantes, dos océanos, reino de lo multi étnico y multi cultural, país de variadísimas regiones. Hoy reconocido como una de las más significativas reservas en materia de biodiversidad, su biota suscita admiración y envidia de la buena, rio, selvas, fecundas altiplanicies, páramos, valles fértiles. ¿Con falencias? Sí, que debemos superar. Altísima e injusta concentración del ingreso y de la tierra, atraso y desigualdad, droga, violencia.

Por fortuna nos estamos empinando para distinguirnos, para ser ejemplo, para no ser problema sino solución.

Ayer no más, ustedes, señores y señoras, excelencias, adoptaron la declaración de respaldo a la paz total en Colombia, compromiso por adelantar por el Gobierno que inicia, del presidente Gustavo Petro Urrego, y que hoy represento ante ustedes.

Compromiso de normalización de la democracia interna, con el anhelo de ser extendido más allá de nuestras fronteras, esa es la razón del reinicio de nuestras relaciones diplomáticas y comerciales con la hermana república bolivariana de Venezuela, tras absurdo desconocimiento de su existencia de parte de un mandatario necio y retardatario.

Solo en materia territorial nos acompaña una frontera de 2.219 kilómetros, todo ellos el motivo que me llevó a visitar al presidente Nicolás Maduro el lunes pasado, eso dentro del respeto debido y con la esperanza de que regrese entre nosotros el diálogo constructivo enmarcado en el respeto a los derechos del sistema interamericano, derechos y deberes de doble vía, ténganlo presente, señoras y señores.

Y lo que sigue quisiera decirlo y repetirlo una y mil veces: No se puede exigir sin dar. Y quiero manifestar algo muy claramente, y es que hay novelones del absurdo que no cabe mantener indefinidamente.

De la misma manera, siguiendo instrucciones presidenciales y atendiendo el anhelo de mi país, se viajó a la República de Cuba a reanudar diálogos de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que habían sido torpemente suspendidos en vísperas de lograrse un segundo cese de hostilidades en esa isla caribeña que siempre, desde finales de década de los 70 del siglo pasado ha servido de plataforma de paz a nuestra patria. La terca suspensión de mala recordación, pisando protocolos amparados por la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, suscrito en 1969, llevó a la inclusión de Cuba en una lista de países terroristas, solo por servirle a Colombia. Se estaba en deuda de agradecer su hospitalidad y esfuerzo.

Hoy se han reanudado civilizadas conversaciones con esa agrupación armada, un capítulo más de nuestro compromiso con la Paz Total y la paz más allá de las fronteras.

El mundo requiere una nueva visión, así lo manifestó el presidente Petro en su célebre intervención en la pasada Asamblea General de las Naciones Unidas. La lucha no puede ser entre hermanos colombianos, como tampoco entre quienes habitamos el planeta. La lucha debe ser contra el cambio climático para salvar al mundo. Hay que combatir las emisiones de efecto invernadero, para eso es que hay que apagar definitivamente los conflictos internacionales que lleven a impulsar una vez más el uso de combustibles fósiles y el carbón. Ésa es la obsesión de nuestro nuevo mandatario, explica, entonces, su llamado a conservar la Amazonía, a hacer de Colombia una de las mejores esponjas del mundo. Sus vastas regiones hoy sumidas en el abandono y el olvido son inmensamente ricas como para satisfacer la necesidad universal de un planeta limpio. en nuestra carrera, la carrera colombiana por aportar al mundo paz y oxígeno, sea ella la oportunidad para invitar a América a sumarse a tan precioso cometido; seamos amigos de la paz universal con un denodado esfuerzo por salvar a la humanidad, comprometámonos con aquello que consagramos en nuestro ya alcanzado convenio con las hoy extintas fuerzas armadas revolucionarias de Colombia FARC-EP, comprometámonos con la llamada justicia prospectiva, que busca que nuestro creativo y sano comportamiento, nuestro y de ustedes hoy, nos lleve a consolidar los derechos íntegros de las generaciones que están por nacer si es que a ellas llegamos, sea esta nuestra razón de ser, ello constituye nuestro verdadero encuentro. Mi invitación final: salvemos el futuro queridas excelencias.

Muchas gracias.

Palabras del Presidente de la Asamblea General de la OEA, Ministro de Relaciones Exteriores de El Salvador, Hugo Martínez

Los últimos serán los primeros y estoy seguro que la sabiduría que usted ha transmitido en sus palabras, el sentir de una nación que quiere la transformación y el cambio y sus palabras inspiran.