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Intervención de la Canciller María Ángela Holguín en la FAO: “Sumémonos a las mujeres rurales para poner fin al hambre y a la pobreza”

Vie, 12/16/2016
 
Buenas tardes a todos. Un agradecimiento a Marcela Villareal por sus palabras, creo que se le nota lo colombiano por la generosidad en la presentación. Quiero darles un saludo muy especial a todos, a los directivos de la FAO y darles las gracias por esta invitación a hacer una corta intervención en esta temática que es tan importante para todos los países y que en el caso colombiano reviste una mayor importancia, como lo decía ayer, ustedes oyeron al Presidente Santos, el campo colombiano es donde está el mayor reto, el mayor desafío pero también las mayores oportunidades que va a tener Colombia y la importancia de la mujer rural en ese aspecto. Desafortunadamente, en Colombia con el conflicto las mujeres han sufrido, tal vez han sido las que más han sufrido por diferentes razones y serán las que tienen el mayor desafío en lo que se viene en esta etapa del posconflicto.
 
Como lo decía Marcela, y antes de iniciar la intervención, en este aspecto puntual se creó una subcomisión de género. Durante dos años estuvimos en la mesa de negociaciones con las mujeres de las FARC y se hizo realmente un gran ejercicio en cómo transversalmente el tema de género está en absolutamente todo los acuerdos, no es un capítulo único, es transversal en absolutamente los acuerdos y creo que será realmente algo en donde Colombia podrá aportar a otros procesos de paz; es el primero en el mundo que tiene el enfoque de género, lo que buscamos sencillamente es una igualdad de género  en esas oportunidades que se van a generar en el posconflicto.
 
Y sí creemos que los acuerdos de paz que se den a futuro es trascendental que tengan este enfoque de género en donde esperamos que también podamos dar ejemplo en lo que va a ser el posconflicto que es donde realmente tenemos el mayor desafío.
 
Sin duda las políticas públicas y las acciones de las organizaciones internacionales y de la sociedad civil deben alinearse para realmente impactar la situación de la mujer rural y de sus familias y comunidades.
 
Si bien es importante empoderar más a la mujer en el campo, el trabajo lo debemos hacer con las familias y con las comunidades en su integralidad. Para fortalecer a la mujer en su vida cotidiana, en especial a la mujer con menores oportunidades en acceso a la educación y al trabajo, debemos trabajar con los padres de familia y los esposos de estas mujeres. Debemos lograr que ellos asuman y se convenzan de la necesidad de darle oportunidades a las mujeres, especialmente a esas mujeres que viven en las zonas rurales, en zonas marginales, en zonas en donde no han tenido la relevancia de otros lugares.
 
Cuando buscamos las maneras de fomentar ese trabajo de la mujer en el campo, es muy importante tener en cuenta aspectos de infraestructura, de tecnología. Y esto porque mientras en las sociedades con economías tradicionales, la fuerza física sea un componente fundamental del trabajo agrícola, de las actividades vinculadas a la producción de alimentos, las mujeres tendrán menos oportunidades. De ahí que la tecnificación rural no solo beneficia los métodos de producción para todos, sino que también les da una oportunidad clarísima a las mujeres.
 
Por ejemplo, la implementación de proyectos productivos en el campo es una prioridad en el posconflicto en Colombia. Y este podría decir es un tema central, si queremos que el proceso de paz que se culminó recientemente, realmente, tenga los resultados esperados.
 
Tuve la extraordinaria experiencia de haber estado año y medio en la mesa de negociación de La Habana, no solamente y tengo que reconocer la persona colombiana, la mujer colombiana que lideró esta mesa de género es hoy en día nuestra Vicefiscal General de la Nación, una mujer extraordinaria, quien estuvo los dos años largos sentada liderando esta mesa, tuve la oportunidad de compartir con ella y trabajar con ella, pero sí ser parte del equipo negociador; estaba adicionalmente en otros temas que tenían que ver con la política exterior, el caso de todo lo que fue el montaje de la verificación y el monitoreo de Naciones Unidas a este proceso de paz, en donde ya se ha desplazado la misión de verificación y donde trabajamos para que realmente fuera las condiciones que un país como Colombia requería, no es una misión armada, es una misión política, con observadores donde la gran mayoría son militares o exmilitares de los diferentes países tanto de América Latina como muchos europeos. Pero sí tal vez la experiencia como mujer, éramos solamente dos mujeres en el equipo negociador de nueve, de una extraordinaria experiencia y creo que este último año y medio de mi vida fue el más enriquecedor de absolutamente todos.
 
En todos y cada uno de los planes y programas que se formulan en el denominado punto uno, que es el Desarrollo Rural Integral, la mujer campesina ocupa no solo especial atención sino un lugar prioritario que le otorga ventajas y privilegios, como sucede en el acceso a la tierra, el crédito y la capacitación.
 
En todos los países del mundo las mujeres tienen significativamente menos títulos de propiedad que los hombres, pero en aquellos en los que las mujeres tienen garantizado el mismo acceso a la tierra y los recursos necesarios para su adecuada explotación, está demostrado que aumenta de manera significativa la seguridad alimentaria de la población y este es uno de los puntos trascendentales dentro del acuerdo. De allí que, en el caso colombiano, resulta de gran importancia la ayuda que FAO nos pueda brindar para garantizar la aplicación de las directrices voluntarias sobre la gobernanza responsable de la tierra, y muy especialmente en relación con la mujer.
 
Le hemos pedido a FAO que sea el acompañante de ese punto uno, que nos ayude con su conocimiento, con su expertise y ya el Director de la FAO que está encargado en Colombia está muy involucrado en iniciar este proceso. De ahí que sea de gran relevancia que iniciemos la implementación muy pronto, la Corte Constitucional, como lo dijo el Presidente de la República, ya avaló la refrendación luego entramos a la implementación en pocos días.
 
El hambre y la pobreza deben ser combatidas con políticas efectivas de desarrollo social y económico.
 
En Colombia, afortunadamente, no estamos empezando de cero. Tenemos varias leyes protectoras de los derechos de la mujer que se enfocan en la equidad de género. También hay leyes enfocadas en la mujer rural que protegen los subsidios familiares y el acceso a los servicios del Estado, incluyendo educación y salud. 
 
El Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural cuenta con una Dirección de la Mujer Rural, para precisamente enfocar las políticas públicas en el desarrollo de la mujer en el campo colombiano. De esta manera, no solamente se visibilizan los problemas, sino que también se dan soluciones puntuales.
En temas de seguridad alimentaria y lucha contra el hambre y la pobreza, políticas rurales diferenciadas buscan beneficiar igualmente a la mujer rural. Aseguran un mayor acceso a la titularidad de la tierra, a los insumos para la producción de alimentos, a la capacitación, y son estrategias que se llevan a cabo en Colombia y buscan mejorar las condiciones de vida de las comunidades y dentro de ellas fortalecer el papel de la mujer como eje central del desarrollo.
 
Y si bien hay avances, mucho queda por hacer en términos de agricultura familiar para evitar la desnutrición y asegurar la alimentación balanceada y regular de las comunidades en el campo. En esto, considero que trabajar en esquemas asociativos puede ser de gran beneficio, el Presidente lo decía precisamente ayer con un caso específico del café en donde estamos buscando al sector privado para que trabaje mancomunadamente con el Gobierno para así avanzar mejor en esos objetivos. Y esto da una fortaleza inmensa a esas asociaciones en donde creo que la FAO también ha venido impulsándolas y que esperamos que en el caso de Colombia donde el posconflicto y la paz ha generado tanto entusiasmo por el sector privado.
 
Igualmente, la educación es un motor fundamental del desarrollo. Y cuando se compara la educación rural con la educación en las ciudades, pues también se encuentran grandes disparidades que por supuesto afectan las capacidades de las personas que habitan los campos colombianos y de tantas partes del mundo. En Colombia, el 60% de la población rural, tanto hombres como mujeres, tienen educación básica. Y solo el 2% tiene acceso a la educación superior.
 
Por eso debemos fortalecer los sistemas educativos, en especial los técnicos y tecnológicos que le permitan a esa población rural tener una vida digna y próspera desarrollando el campo. Tal y como lo vemos en los países desarrollados donde un campesino tiene acceso a la educación, la salud y las oportunidades que existen en su propia población rural.
 
Esto tenemos que lograrlo en nuestros países. No solamente nos permitirá aprovechar mejor nuestro gran potencial de producción de alimentos y desarrollo rural que tenemos en Colombia, sino que le permitirá al campesino vivir en su pueblo y en su tierra, sin necesidad constante de migrar hacia las ciudades.
 
Todos los esfuerzos que como gobierno, como comunidad internacional y como sociedad civil podamos hacer, y mejor si los hacemos de manera coordinada y cooperativa, podrán impactar sin lugar a duda la vida de millones de personas que viven en las zonas rurales. En consecuencia, podremos beneficiar a millones de mujeres y niñas rurales que al desarrollar sus comunidades y entornos tendrán mayores oportunidades y un mejor futuro quedándose en el campo.
 
Debo confesarles también que no soy de aquellas mujeres que considere que necesitemos de prerrogativas especiales para acceder a cargos del Estado o al sector privado. La experiencia cada día demuestra con nítidos resultados que podemos conquistarlos con honestidad, trabajo y sin necesidad de llegar a esas prerrogativas.
 
Guardemos más bien estos esfuerzos para ayudar a quienes requieren de nuestra ayuda. A la mujer campesina que todo lo hace, pero nada tiene, que le sobra el trabajo, pero le faltan las oportunidades. A la madre cabeza de familia que de día trabaja con el azadón y cuando llega a casa le espera más trabajo.
 
Es en ellas en quienes debemos concentrar nuestra atención y nuestra mirada. Quiero felicitar al Director General por esta iniciativa, porque solo con el concurso de todos y la cooperación, podremos saldar esta impresentable deuda que el mundo ha adquirido con la mujer rural. Los invito a no desfallecer en este objetivo y desearles el mejor debate en este tema que sin duda alguna necesitamos tener resultados y resultados pronto.
 
Muchas gracias.
 
16 de diciembre de 2016
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