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“Donde hay música, hay paz”: Janeth Aguilar, madre de dos niñas artistas participantes del ensamble musical que realizaron jóvenes de Buenaventura para rechazar la violencia

17/04/2014
“Este concierto es un momento inolvidable. Vinieron maestros de otras partes a apoyarnos, a darnos consejos, que servirán para que nosotros, que pertenecemos a la Camerata, les transmitamos a los más pequeños”, dice María Andrea Bacca, destacando la importancia del taller. Foto: O.P. Cancillería.

Buenaventura, (abr 17/14). En uno de los ventanales del auditorio 'El Manglar', del Seminario de Buenaventura, Janeth Aguilar esperaba con ansias y nerviosismo para ver en escena a sus dos hijas, María Juliana y María Andrea Bacca, quienes serían protagonistas, junto con otros 148 niños, del  primer ensamble musical sinfónico que uniría las voces y los instrumentos de estos jóvenes del puerto para decirle a Colombia no a la violencia.

La angustia reinaba en los pasillos del recinto: padres, hermanos, amigos y vecinos que asistieron a este encuentro cultural se cruzaban miradas, esperando que iniciara la música. 

En el hogar de Janeth se respira música, gracias al talento de sus tres hijas: María Andrea, de 14 años, y María Juliana, de 12, hacen parte de la orquesta Batuta de Buenaventura, de la cual también hizo parte su hija mayor, Luisa María, en el pasado, y que debió abandonar en razón de sus estudios profesionales. 

Cuando el reloj marcaba las 3:45 de la tarde, María Juliana, con su violín, y María Andrea, con su chelo, junto a trece niñas y niños más, trajeron a escena una genuina interpretación de las notas musicales que inmortalizaron a Mozart.

Los asistentes, emocionados, no paraban de aplaudir mientras la música se acomodaba en el auditorio. Avanzado el concierto, la Camerata, como se denomina a este primer grupo de artistas, recuerda a otro grande de la música clásica: Johann Sebastián Bach.

“Dónde hay música, hay paz”, dice Janeth, y no se equivoca en hacer esa aseveración. Han pasado 30 minutos, y la tranquilidad del recinto armoniza con la música.

A la primera intervención sigue un grupo de 35 jóvenes más de Buenaventura, denominado 'Intermedia'. Y con él llegan las notas de compositores como  Elgar, Curci y Charpentier, otros grandes del género.

La angustia desaparece. La música hace de las suyas, y Janeth y los demás padres de familia miran con asombro el avance musical de sus hijos. Este es el resultado del taller  ‘fortalecimiento del proceso de formación orquestal sinfónico en el área de cuerdas en el municipio de Buenaventura’, que realizó el Ministerio de Relaciones Exteriores a través de la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Nacional de Cooperación con la Unesco y la fundación Batuta.

“Este concierto es un momento inolvidable. Vinieron maestros de otras partes a apoyarnos, a darnos consejos, que servirán para que nosotros, que pertenecemos a la Camerata, les transmitamos a los más pequeños”, dice María Andrea Bacca, destacando la importancia del taller.

Una nueva intervención trajo a escena 30 niños más para interpretar Paseo Pizzicato. Y antes de escucharse el sonido de los instrumentos, aparece la voz de Juan Felipe Molano, experimentado director sinfónico, quien está al frente de este ensamble musical, para resumir en una frase lo que logran estos jóvenes con la  música: “Estos muchachos son buenos para tocarnos con el corazón”.

Y así fue. La alegría y la emoción de los asistentes revelan  lo dicho por el Maestro Molano.

Pasa el tiempo y con él se va la música. Se escuchan las primeras notas de la emblemática Oda a la Alegría de Beethoven, y en tarima los coros se preparan para seguir los movimientos de la batuta de Juan Felipe Molano, artista colombiano que dejó por unos días su trabajo con grupos sinfónicos juveniles en San Francisco (EE.UU.), para aportarle su conocimiento a estos niños, niñas y jóvenes de este municipio del Valle del Cauca, cuyo nombre reúne el espíritu de sus habitantes: Buenaventura.

El concierto no pudo tener mejor final que pasar de las obras clásicas a las tradicionales colombiana. Y con las notas de 'Mi Buenaventura', estos 150 jóvenes del puerto del pacífico confirmaron que la música sí logra tocar los corazones.

Este Proyecto fue posible gracias al apoyo del Programa de Participación de la Unesco 2012-2013 y de la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia APC.  Durante el concierto estuvo presente el Director de Asuntos Culturales de la Cancillería, Luis Armando Soto.

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