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Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la III Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac)

28/01/2015
El presidente Juan Manuel Santos, en compañía de la Canciller Holguín, agradeció en la III Cumbre de la Celac, el respaldo que han brindado los países de América Latina y el Caribe al proceso de paz. Foto Cancillería OP.

“Un saludo muy cordial a los colegas de América Latina y el Caribe, con mi agradecimiento especial al presidente Solís por la proverbial hospitalidad costarricense.

Ha sido muy importante el trabajo desarrollado por Costa Rica durante su presidencia pro-témpore, y lo felicito por esto.

También le deseo desde ya todos los éxitos al presidente Correa, que toma el testigo en nombre del Ecuador y seguirá avanzando en múltiples temas, incluyendo el que hoy nos convoca que es el de la lucha contra la pobreza dentro de un espacio de transparencia y rendición de cuentas.

Lo dije ante ustedes el año pasado: si las economías no crecen, es difícil ser más efectivos en indicadores sociales y lucha contra la pobreza.

Y al revés: de poco o nada sirve el crecimiento económico si este no se traduce en reducción de la pobreza, en cierre de brechas sociales y en mejoría de las condiciones de vida de los más vulnerables.

Siempre en mi vida pública –desde mucho antes de ser presidente– he defendido los principios del buen gobierno, que son atinentes también en la lucha contra la pobreza: eficiencia, eficacia, rendición de cuentas y transparencia. Por eso celebro que se tengan en cuenta en esta cumbre.

Es cierto que nuestra región ha tenido importantes avances en lo corrido del siglo en reducción de pobreza. Decenas de millones han dejado de ser pobres y comienzan a hacer parte de una clase media cada vez más fuerte.

Pero no podemos dormirnos sobre los laureles. La Cepal –doctora Alicia Bárcena– ha llamado la atención, con razón, sobre cierto estancamiento en esa tendencia decreciente que traíamos.

Celebro que Colombia esté dentro de los países que más disminuyeron la pobreza en el año 2013, último año en que se cuenta con cifras comparativas.

Pero todos sabemos que tenemos que hacer muchísimo más, pues todavía un 28 por ciento de la población de la región, unos 167 millones de latinoamericanos y caribeños, sufren la pobreza.

De nuestra parte, en el caso de Colombia, hemos puesto la reducción de la pobreza y las brechas sociales –es decir, el trabajo por la Equidad– en el centro de todas nuestras acciones.

Y hemos logrado bastante. En los últimos 4 años –entre 2010 y 2014– la pobreza en Colombia bajó casi 10 puntos porcentuales, al pasar del 39 por ciento al 29,3 por ciento. ¡Eso son 3 millones 600 mil personas que superaron la pobreza!

En el mismo periodo la pobreza extrema bajó más de 5 puntos porcentuales, al pasar del 13,5 por ciento al 8,4 por ciento. ¡Son 2 millones de colombianos que salieron de la indigencia!

El avance es grande, pero el reto sigue siendo monumental.

Y no nos contentamos con medir la pobreza por ingresos, sino que Colombia –junto con México– ha sido pionera en el uso del Índice de Pobreza Multidimensional desarrollado por la Universidad de Oxford.

Este índice mide 15 variables que forman la calidad de vida, y nos permite focalizar geográficamente los programas sociales del gobierno para que tengan más impacto.

Yo animo a nuestros colegas de América Latina y el Caribe a que usen ese indicador, con el que puedo dar fe  se contribuye enormemente a darle más eficiencia, es decir uno de los principios del buen gobierno, a los recursos que se destinan en la lucha contra la pobreza.

Porque para superar la pobreza no basta con alcanzar cierto nivel de ingreso, sino que también hay que tener en cuenta la educación, la salud, el trabajo, el acceso a servicios públicos, las condiciones de vivienda, entre otras variables.

En este índice multidimensional bajamos casi seis puntos entre 2010 y 2013, pasando de 30,4 a 24,8 por ciento.

¿Y cómo lo estamos haciendo?

• Con programas sociales focalizados en educación y nutrición de los niños, como Familias en Acción.

• Apostando por la atención integral en la primera infancia.

• Acompañando con gestores sociales a las familias en la pobreza extrema.

• Con gratuidad total de la educación del grado cero al 11 en los colegios públicos.

• Con créditos con cero interés real y becas para que los jóvenes entren a la educación superior.

• Con apoyos monetarios a los adultos mayores.

• Llevando internet y computadores a todos los municipios y a las escuelas del país.

• Llevando agua potable y alcantarillado a millones de familias que no lo tenían.

• Con programas audaces de vivienda popular, como el de las 100 mil casas gratis que estaremos acabando de entregar en los próximos dos meses.

• Garantizando la salud a todos los colombianos y trabajando por mejorar su calidad y bajar el precio mediante controles estrictos de los medicamentos, de los abusos de los fabricantes que acaban pagándolos los pacientes y generalmente los más pobres.

Y algo muy importante: fomentando el empleo con inversiones productivas, que además generan competitividad, como es el caso de la infraestructura.

En los últimos cuatro años hemos creado más de tres millones de puestos de trabajo, y tuvimos el record de 48 meses consecutivos con el desempleo bajando mes tras mes.

Eso que estamos haciendo en Colombia lo podemos potenciar mucho más si trabajamos unidos como región.

Ahora, por ejemplo, que nos golpea la baja del precio de los productos básicos, es el momento de fortalecer nuestra demanda interna –dentro de cada uno de nuestros países y entre nosotros–.

Con inversión pública, trabajando por la equidad, generando oportunidades para los más pobres, fortaleciendo la clase media… América Latina y el Caribe tienen más posibilidades de salir bien librados de la actual coyuntura internacional.

Y no puedo terminar sin hacer referencia a un tema que también es crucial para disminuir la pobreza y, en general, para aumentar el bienestar de la región: la búsqueda de la PAZ en Colombia.

La paz es el más grande impulso en la lucha contra la pobreza, especialmente en el campo.

Hoy quiero reiterarles que, en el proceso que adelantamos con las FARC para buscar el fin del conflicto, vamos avanzando con seriedad y prudencia, y con pasos concretos.

Ya logramos acuerdos en los puntos de la agenda sobre desarrollo rural, participación política y el problema de las drogas ilícitas, y ahora estamos trabajando simultáneamente en los dos últimos, que son los derechos de las víctimas y el fin del conflicto propiamente dicho, que implica definir cómo será la dejación de las armas y la reinserción en la vida civil.

Lo que falta –sin duda– es complejo, es difícil, pero lo importante es que existe la voluntad firme de diálogo y que tenemos el compromiso –ante los colombianos, ante la región y ante el mundo– de seguir adelante.

Hoy quiero agradecer, muy especialmente, a Cuba, a Venezuela y Chile por su generosa colaboración con nuestro proceso.

Y agradezco a todos los países de América Latina y el Caribe por su respaldo permanente.

Finalmente, quiero destacar un avance que nos complace a todos en la región.

Hace casi tres años, cuando Colombia fue sede de la VI Cumbre de las Américas, me referí a Cuba en mi discurso de instalación, con las siguientes palabras:

“El aislamiento, el embargo, la indiferencia, el mirar para otro lado, han demostrado ya su ineficacia.

En el mundo de hoy no se justifica ese camino. Es un anacronismo que nos mantiene anclados a una era de Guerra Fría superada hace ya varias décadas.

Así como sería inaceptable otra cita hemisférica con un Haití postrado, también lo sería sin una Cuba presente.

No podemos ser indiferentes a un proceso de cambio al interior de Cuba que es reconocido cada vez más ampliamente y que debe continuar.

Es hora de superar la parálisis a la que lleva la terquedad ideológica y buscar consensos mínimos para que ese proceso de cambio llegue a buen puerto, sin bloqueo, por el bien del pueblo cubano.

Pues bien: hoy –tres años después– nos preparamos para celebrar en Panamá una Cumbre de las Américas verdaderamente histórica, una cumbre como debe ser: con Cuba y todos los países del hemisferio.

Cada día, cada día que pasa nos convencemos más de que los conflictos y las diferencias –a nivel interno y a nivel internacional– pueden superarse, y deben superarse, con el diálogo, con la comprensión y con el respeto.

Muchas gracias”.

 

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